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Por Rudens Tembrás Arcia, enviado especial
Barranquilla.- HACE cuatro años, en la cita centrocaribeña de Veracruz, el taekwondo cubano resultó visiblemente lastimado. Más allá de situaciones extradeportivas, lo cierto fue que apenas consiguió tres títulos en el sector varonil, lo que constituyó la cifra más baja desde la edición de Ponce 1993.
Llegó acá, por tanto, exigido de crecer y probar que su actual estrategia es correcta y puede rendir frutos. De un lado contaba con “monstros” de la talla de José Ángel Cobas (74 kg), Rafael Alba (87 kg), Robelis Despaigne (+87 kg) y Glenhis Hernández (73 kg). Del otro, una pléyade de jóvenes merodeados por más preguntas que certezas.
En el contexto competitivo resaltaba otra vez la calidad de México, potencia del área y mundial, junto a individualidades de República Dominicana y Colombia fundamentalmente.
Cara o cruz eran las variantes para el equipo de trabajo liderado por Iván Fernández Quirós, presidente de la federación cubana de este deporte. Tensión había… y mucha. Por eso cada vez que cayó un triunfo la explosión de júbilo de la delegación inundó todo el gimnasio del lejano colegio Marymount.
Tamara Robles (53 kg), Glienys Castillo (62 kg), Cobas, Alba, Arlettys Acosta (67 kg) y Robelis fueron los protagonistas de historias doradas más o menos complicadas, con las cuales se igualó la mejor cosecha de coronas de nuestra historia, alcanzada en Cartagena de Indias 2006, muy cerca de esta urbe.
«Apostamos a un trabajo serio, planificado, exigente, sustentado en la disciplina y la entrega total. Los estelares tenían la misión de halar a los nuevos, y estos de ponerse a su altura y aportar también. Pudimos llegar más lejos, pero estoy satisfecho con el resultado y la labor de mis compañeros», consideró Quirós en un aparte con JIT al término de la justa.
La única final perdida fue la de la otrora campeona mundial, la capitalina Glenhis, quien realizó un esfuerzo extraordinario para estar a la altura de la justa, toda vez que arrastraba deudas con el entrenamiento debido a lesiones.
Miguel Aguiar (63 kg) y Erlandi Mustelier (80 kg) finalizaron con bronces acordes a sus niveles, para cerrar una lista de premiados que extrañó a figuras de relieve como Yania Aguirre (49 kg), Yosmailys Ferrer (46 kg) y Yamicel Núñez (53 kg), las dos últimas medallistas en la versión precedente de los Juegos.
Ellas pudieron enriquecer aún más el botín, hacerlo incluso paradigmático, pero el nivel de las oponentes, inexactitudes en el cumplimiento de los planes tácticos trazados y algunas malas puntuaciones de los jueces lo impidieron.
No obstante, el balance final (6-1-2) permitió que la familia del llamado deporte de las patadas voladoras se hiciera al cielo para contemplar su gloria y advertir, a viva voz, que «estamos de vuelta».
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