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Por Roberto Ramírez, enviado especial
Barranquilla.- LAS MEDALLAS convertidas en premios para los mejores exponentes de los XXIII Juegos Centroamericanos y del Caribe miden 80 milímetros de diámetro por siete de espesor y fueron elaboradas en zamak, una aleación de zinc con aluminio, magnesio y cobre.
Acogen el nombre de la confrontación, escrito en español e inglés, y llevan el logo de esta en una de sus caras e imágenes de Barranquilla y la Organización Deportiva Centroamericana y del Caribe (Odecabe) en la otra.
Diseñadas por el grupo creativo del Comité Organizador (Cobar), cada una pesa 200 gramos y carece de “baño” de oro, plata o bronce, pues esos colores se consiguieron a base de tratamientos electrolíticos de gran precisión.
El zamak es posee dureza y alta resistencia a la tracción, y es un material amigable con el medio ambiente, cualidad que adquirió protagonismo para su elección.
Las preseas fueron fabricadas en Bogotá por la empresa Granados y Condecoraciones S.A.S, y van al cuello de sus ganadores sostenidas por cintas de seda doble faz, impresa por ambas caras y de 2,5 centímetros de ancho.
Milena López, gerente comercial de esa entidad, explicó que la tecnología empleada garantizó el recubrimiento deseado en función de una terminación que responde a los cánones establecidos para eventos de este tipo.
La elección del fabricante emergió de una evaluación que implicó a otros dos aspirantes, a partir de calidad y factibilidad económica, elementos que según reseñan varias fuentes sustentan su larga historia de relaciones con el deporte.
Las autoridades del certamen encargaron 3 520, aunque se entregarán poco más de 3 200, y confían en su durabilidad, porque más de una vez el paso del tiempo echó por tierra empeños anteriores y los lauros perdieron propiedades.
Por lo pronto los atletas no piensan demasiado en esos detalles. Luchan por llevárselas a casa como símbolos de victoria y hasta las “muerden” cuando las hacen suyas y quedan atrapados por los flashes mientras las muestras desde el podio.
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