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LIMA 2019
Sin voluntarios, no hay Juegos...

Orientan, guían, acompañan, corrigen… En esas intensas palabras se concentra el valor de su labor. Son claves para el trabajo de atletas, entrenadores, la prensa... 


Por Rudens Tembrás Arcia, enviado especial
miércoles, 31 de julio de 2019 12:44 PM



Foto: Roberto Morejón

Lima.- POR LA dimensión y complejidad que entrañan la organización de unos juegos multideportivos en la actualidad, y desde hace ya algún tiempo, no es posible concebirlos ni llevarlos a buen término sin la labor de los voluntarios.

Aparecieron de forma oficial en la cita olímpica de Los Ángeles 1984, aunque fue Barcelona 1992 la edición que capitalizó el enorme potencial de personas entregadas por entero al trabajo sin otro dividendo que participar, que integrarse a la ilusión compartida de una fiesta de paz.

En la Ciudad Condal actuaron en total 35 mil, llegados desde todos los confines del planeta. Recibieron una ardua preparación, su chamarreta y el encargo de hacer el éxito de la cita. Casi nada… El Comité Organizador solo tenía seis mil trabajadores remunerados.

Juan Antonio Samaranch, para entonces titular del Comité Olímpico Internacional, no olvidó reconocerlos en el Estadio Olímpico de Montjuic el día de la ceremonia de clausura…

«Gracias de todo corazón a los miles y miles de voluntarios. Nos habéis dado el mejor ejemplo de lo que es la juventud actual de nuestro país», fue la frase del líder español aquella noche, devenida en parteaguas de una tradición en permanente ascenso.

Sépase solamente que de cara a Tokio 2020 se necesitarán nada menos que 80 mil voluntarios, más del doble de los que ayudaron a que Barcelona 1992 mereciera el calificativo de los Mejores Juegos Olímpicos de la historia.

Pero bueno… estamos en los Juegos Panamericanos de Lima, donde hay 19 mil voluntarios de todas las edades y sexos, provenientes de decenas de naciones distintas del continente.

Se sometieron a un exigente proceso de selección entre más de 60 mil interesados. Luego fueron capacitados de forma virtual (a través de internet) y en la sede. Finalmente recibieron sus atuendos y empezaron a hacer funcionar la maquinaria de una cita de enormes proporciones, en que todos los componentes deben funcionar como reloj suizo.

Este ejército de blanco y amarillo cubre todo tipo de posiciones, desde el Aeropuerto Jorge Chávez hasta la Villa Panamericana y las instalaciones.

Orientan, guían, acompañan, corrigen… En esas intensas palabras se concentra el valor de su trabajo. Son claves para el trabajo de atletas, entrenadores, la prensa...

Debe saberse que todos sus gastos corren a título personal, salvo el vestuario y algún refrigerio diario, de ahí que la condición de “voluntarios” no admita la más mínima polémica.

Y contrario a lo que muchos puedan pensar, la mayoría de ellos no puede apreciar las competencias y solo una parte interviene en las ceremonias de inauguración y clausura.

Por tanto, ante tamaña entrega, los organizadores no toleran el más mínimo maltrato o irrespeto hacia ellos. Y aquel que incurra en eso puede ser, incluso, expulsado de la cita. Un detalle más… cuando la credencial de participante hace labor de visado, entonces su retiro implica la obligación de abandonar el país sede.

A mi juicio, después de los atletas los voluntarios son los grandes protagonistas de estos encuentros. Sin ellos, no hay Juegos.

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