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Lima.- COMO toda ciudad moderna la capital peruana es un “hervidero” de autos, gente apresurada que transita por las avenidas casi sin fijarse en su entorno, grandes carteles lumínicos de anuncios y edificios gigantescos, pero es también una urbe de sitios arqueológicos, fuerte tradición católica y arraigada cultura culinaria.
Todo eso impacta desde el primer minuto que pisas la urbe, en cada rincón encuentras detalles que te recuerdan las raíces indígenas, mezcladas con la cultura española de los colonizadores, algo que se evidencia particularmente en la religión.
«Somos una población católica, creo que casi en el 80 por ciento, al menos en Lima, ya en las regiones de la selva y la sierra es otra cosa y se nota mucho más la presencia de la cultura indígena», dice a JIT la amable Ljuvisa Banich, de lejanos antepasados croatas, aunque totalmente peruana y apasionada por los temas culturales de su país.
Ella atiende ahora a quienes llegan hasta el sitio de realidad virtual de la Casa Perú, ubicada en el Centro Principal de Prensa de estos XVIII Juegos Panamericanos y pese a que la conversación comenzó por lo que hace aquí ahora muy pronto derivó a los diversos temas que le hacen enorgullecerse de su país.
Uno de ellos es el de las huacas aún conservadas en medio del entorno metropolitano de una Lima que se ha empeñado en rescatar esas construcciones incaicas erigidas como santuarios, tumbas o lugares sagrados de adoración a sus santos.
La huaca de San Borja forma parte del camino diario de quienes llegamos hasta aquí como enviados de prensa, pues está enclavada en la intersección de la Avenida Canadá y la De la Arqueología, a escasos 100 metros del que será nuestro epicentro de labor en las dos siguientes semanas.
Aunque fueron los habitantes de la cultura Ichma los que la edificaron esta pirámide trunca con adobones, según era su hábito, también fue ocupada luego por los Incas y contiene en su interior pasadizos, patios y escalinatas. Por fuera su estructura tiene aproximadamente 50 metros de largo por 40 de ancho y 6,50 de altura en la zona que mejor logró conservarse.
Lima posee numerosos ejemplos como este, pero dicen que es la Huaca Pucllana la más hermosa de todas. Situada en el distrito de Miraflores se ha consolidado como uno de los principales atractivos turísticos de la urbe y alcanza la extensión de seis hectáreas.
La religión católica y sus construcciones es otro de los orgullos de los limeños, en especial su catedral principal dedicada a Santa Rosa de Lima, primera de los santos nacidos en América que recibió el reconocimiento canónico, otorgado por el papa Clemente X en 1671.
Nombrada entonces como excelsa patrona de Lima, el Nuevo Mundo y las Filipinas, pero también de los institutos policiales, su pasaje más significativo fue durante la defensa de Lima en 1615 cuando los holandeses intentaron atacar la ciudad por el puerto del Callao.
San Martín de Porres es otro de los íconos, incluso cuenta con todo un mes dedicado a su adoración. Cada octubre se convierte en el momento de su festividad y son numerosas las muestras de devoción hacia él.
Fraile peruano de la orden de los dominicos, fue el primer santo mulato de América y muchos le conocen también como el santo de la escoba porque porta ese implemento en una de sus manos como símbolo de la humildad.
Hijo de noble y una negra liberta nacida en Panamá, se le atribuyen infinidad de milagros y sorprendentes episodios como el de que era capaz de levitar y tenía el don de la videncia.
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